• José Antonio Fdez Viñas

Preparado,listos,¡ya!

¡El éxito laboral! ¿Qué gran reto no? A todo el mundo nos gustaría tener éxito en el ámbito laboral, pero, ¿sabemos que es el éxito? Quizás sea un concepto muy subjetivo. Hay quien piensa que el éxito es aquella persona que gana mucho dinero con su trabajo. Por el contrario está quien piensa que el éxito es ganar dinero, bien sea mucho o poco haciendo lo que realmente te gusta.

Las apariencias engañan y por fuera vemos un posible caso de éxito laboral y resulta que por dentro esa persona de apariencia exitosa, es muy infeliz en su trabajo a costa de ese estatus aparente. En mi gabinete de coaching se me ha mostrado esta circunstancia en más de una ocasión.

Este tema creo que es muy interesante y que me ha surgido a raíz de una pregunta para mi colaboración semanal en el Magazine de la Cadena Cope. Una madre preocupada por el futuro de su hijo, me preguntaba cual son las carreras universitarias con más salidas. Y si ciertamente las carreras que según los expertos más salidas van a tener en los próximos años son las ingenierías (sobre todo la industrial e informática), también va a tener mucha demanda todas aquellas profesiones relacionadas con las telecomunicaciones, desarrollos informáticos y el Big data. Por último destacan también la Psicología, será para paliar todas esas ansiedades y depresiones que son hoy en día la principal enfermedad derivada del trabajo en el siglo XXI. Y aunque no se corrige, las personas sufrimos en el mundo laboral por consecuencia de ese analfabetismo emocional del que somos objeto.

Pero mi respuesta a esa madre que me preguntaba es; “no hay carreras con salidas, hay personas con salidas”. Vamos hacia un panorama laboral que nada tiene que ver con el vivido por nuestros padres, ni tampoco por el vivido por nosotros mismos.




¿Qué era tener éxito laboral para la generación de nuestros padres? Quizás desde aquellas creencias de antaño el éxito laboral lo conseguía ese trabajador que era contratado por una gran empresa, que estaba allí prácticamente durante los cuarenta años de su vida laboral y que al jubilarse le regalaban un reloj y le hacían una cena homenaje por haber realizado el mismo trabajo durante tanto tiempo. Pero la sociedad actual ha cambiado, estamos en una sociedad que avanza a pasos agigantados y que los trabajos, las costumbres y la tecnología entre otras muchas cosas cambia de forma quizás excesivamente rápida. En la generación de nuestros padres ser universitario era sinónimo de triunfo, no había muchos y las personas que accedían a la formación tenía muchas oportunidad de insertarse en el mercado laboral. Pero ahora por suerte el acceso a la formación universitaria se produce de forma masiva. Hoy en España el que no estudia es porque no quiere. Y claro, dicha circunstancias cambia las reglas del juego. El éxito laboral no va a depender de la formación principalmente, sino que va a depender del desempeño. El éxito laboral dependerá de la habilidades sociales, dependerá de las habilidades de comunicación, de los dotes de liderazgo, del grado de compromiso y en definitiva de aquellas características que muestren una mejor versión con respecto a otras personas con las mismas titulaciones o nivel formativo.

Desde mi punto de vista las legislaciones laborales sufrirán un cambio radical, y tendrán una perspectiva totalmente distinta. Las legislaciones tratan de proteger al trabajador frente al despido. Y eso esta bien. Pero lo que antiguamente para las empresas el “relativo” blindaje del trabajador con una alta indemnización era un problema, sobre todo para aquellas empresas pequeñas que no pueden por circunstacias econominas ejecutarlo, esa circunstancia ha mutado al problema contrario, las empresas hoy en día su principal preocupación es la retención del talento. Los trabajadores buenos son exigentes, quieren más medios, más autonomía, más salario y mejores horarios, entre otras muchas cosas. Y mientras los buenos trabajadores se van de la empresa, la legislación laboral obsoleta protege la mediocridad, que queda atrapada, no porque no quieran irse, sino porque no pueden. Y lo peor no es que no puedan, sino que no hacen nada para remediarlo. Se quejan sin más pero no hacen nada por evolucionar y brindarse un nuevo reto profesional en otro sitio.

La generación de nuestros hijos va hacia una contratación por proyectos, porque así lo demandará el trabajador. Donde cobrarán más y donde trabajaran sobre todos los mejores. Por eso no querrán ser “plantilla”, el escenario de “los freelance” ya es una realidad. Las personan han querido quizás volver a sus orígenes, a la competitividad, ese es su verdadero ADN. Cada persona que está aquí es el fruto de un campeón, ese espermatozoide campeón que llegó a la meta en una carrera altamente intensa con millones de competidores. Entramos en la era de la alta competitividad, y no hay sitio para el letargo intelectual y creativo, ni por supuesto actitudinal. Preparados, listos, ¡ya!





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